miércoles, 10 de abril de 2013
Brisas Heladas / N.Y. City
Miro Brisas Heladas y se aparece Nueva York, y esta frase puede parecer extraña, absurda, simpática o hasta pedante. Pero hay una conexión que me resulta inevitable. Esa historia de los dos hermanos en ese departamento, bien podría ser un departamento del Bajo Manhattan, del Barrio Chino o Little Italy.
La cultura "americana" atraviesa la obra, la cultura popular que está metida en nuestras venas por el cine y la literatura. El pulp de las historias policiales, Gershwin y Someone to watch over me o Bowie bailando en una disco de Manhattan o el tema de LCD Soundsytem que nos sirve para verlo en su soledad a Bruno. O esa percusión que acompaña a Mabel y que nos lleva directamente a los 70 con un dejo a Saturday Night Fever y las bandas de sonido hechas por David Shire. Otra vez la cultura pop abrazándonos. Los miro a estos personajes y los siento cerca -salvando las diferencias- de esos perdedores de Sam Shepard, de Fool for Love. También podrían ser los hermanos de la película Shame (otra vez NY), pero Mabel y Bruno no son "tan cool". Pero en verdad la raiz de todo está en Torrentes de Amor, en esa Gena Rowlands que no encuentra su eje y busca refugio en su hermano, el último y maravilloso personaje que compuso John Casavettes. Pero las similitudes terminan ahí, mientras Torrentes ... es una historia de amor y desamor, Brisas Heladas es una historia de amor, locura, traición y muerte.
Miro Brisas Heladas y veo a Rosario en Nueva York porque la influencia del género radica ahi, en ese espacio del que nos apropiamos a pesar que en verdad se apropió de nosotros, de nuestra mirada y nuestras cabezas. NY es vintage y moderna. Brisas es moderna con un toque vintage. Tratamos de buscar una modernidad alla Mad Men. Con esa onda tan 60 pero diseñada en el siglo XXI. Y quería que algo de ese toque estuviera de cuerpo presente en la obra. Algo había que traer de allí.
El vestido que usa Mabel lo compré en Nueva York, en la Quinta Avenida, mientras terminaba de escribir Brisas Heladas en el mismo hotel que alguna vez frecuentó Faulkner. De la ventana de ese hotel saqué las fotos que como cuadros decoran el departamento de Bruno. Pero ¿qué importa si el vestido es de una tienda de la gran manzana o las fotos son de esos rascacielos tan conocidos? ¿Habría diferencia si el vestido es de una tienda de calle San Luis o las fotos son de edificios de la Avenida Pellegrini?
La mezcla, somos producto de la mezcla, de mirarnos en el espejo equivocado para encontrar el reflejo que nos corresponde y poder andar con tranquilidad por el camino incorrecto que nos lleva al lugar donde siempre quisimos estar. Y esa mezcla de cultura pop global con la cultura pop argie, invita a que convivan en este relato Steve Mac Queen con Mar del Plata y La Bristol o Charles Manson y Barbra Streisand al lado del niño prodigio de Odol Pregunta. Brisas Heladas es el resultado de los cruces y de el largo recorrido de la mirada y de ese camino tan particular que hace años empecé a andar y que me colocó en este lugar, tan inestable como seguro, tan fascinante como aterrador. Este lugar en el que soy feliz, escribiendo, dirigiendo y hasta animándome con la música, sin importarme la forma, el soporte. No se si se trata de teatro o de algo parecido, but I like it (Jagger dixit) y es así. Gozar, el arte es gozar, aunque no sea arte o aunque lo sea. El arte es un artificio arbitrario y antojadizo, como Brisas Heladas, pero cuando pienso en la obra el artificio pasa a un segundo lugar y lo que me queda justamente es el goce de ver los cuerpos de los actores en acción y que me trasladan a Nueva York, a Rosario o a Beirut, no importa demasiado. Porque creo que lo que allí pasa es lo que quiero ver, porque me sorprende, aunque yo haya escrito esa línea de texto. Y esa es la magia de lo que sucede en ese espacio sacro y profano, popular y culto, del que nos apropiamos sin pedirle permiso a nadie y como inconscientes nos largamos a mentirle durante una hora a cientos de personas que desean que la mentira sea tan real como los disparos en escena.
sábado, 2 de febrero de 2013
Ciudad Narcótica, adelanto de LDP
jueves, 31 de enero de 2013
despedidas
17 versiones distintas de Someone To Watch Over Me, desde su autor, George Gershwin, pasando por la versión de Rod Stewart o las clásicas de Sinatra y Billie Holiday y algunas menos conocidas como las de Sheena Easton o Elton John o la más reciente de Amy Winehouse. Ahora ¿por qué me pongo a escuchar 17 veces una misma canción interpretada por 17 personas diferentes? La respuesta es porque creo que vivo dentro de una película. Gershwin nos lleva al cine, concretamente a Nueva York, y NY es cine puro. Someone to watch over me suena en varias películas, quizás Manhatan sea el punto de referencia y la más conocida. Pero hay una película tiene como título justamente el nombre de la canción y que la dirigió Ridley Scott. El tema se escucha desde la presentación y lo canta Sting mientras la cámara se desliza por el cielo nocturno de Nueva York. Es un trhiller que vi varias veces, es del año 1987 y creo que pocos se acuerdan de esta película de Ridley Scott. La trama la tengo un poco desdibujada, pero Tom Berenger interpreta un policía que tiene que cuidar a una mujer muy bella y elegante - Mimi Rogers-. Recuerdo la escena final en un departamento y me dan ganas de volver a verla, pero creo que ni se editó en dvd.
Pero escuchar esta música tambien me hace pensar en ese otro cine más chiquito y que es el que puedo hacer y el que puedo vivir, porque como dije (o creo que dije) hay músicas que me internan en un mundo alternativo pero que sigue siendo el mío y en donde deambulo como un personaje que soy y no soy. Hace unos días editando Lejos de Paris, me pasó algo parecido con The Way We Were, de Barbra Streisand, el tema de la película Nuestros Años Felices. De repente una escena en donde estoy yo la musicalizo con esa canción porque a mi mente me viene el recuerdo de la despedida de los protagonistas frente al Central Park (otra vez NY) y la mezclo con las actrices que protagonizaron mis películas. Es como vincular algo que está en mi memoria y en la memoria popular con algo que está en mi memoria y en la memoria de unos pocos. Y la mezcla, un pastiche más que interesante, con una alta carga de romanticismo y cierto espíritu naiff, al borde de lo cursi, pero me gusta que sea así. Me doy cuenta que hoy miro para atrás y veo una vida que elegi y caminos que tuve que tomar por elección y otros de los que no me quedó alternativas. Y el cine que estoy haciendo es resultado de todo eso, Perra Negra ayer, Lejos de París hoy y quien sabe que vendrá mañana. La soledad del corredor de fondo, la soledad del editor frente a la pantalla. La soledad del espectador en la oscuridad de la sala. La soledad de las despedidas cuando nos damos cuenta que es difícil volver a amar sin pensar en el dolor que causa el amor. El capítulo de Lejos de Paris se llama Despedidas y aquí va un adelanto en borrador y en baja calidad tanto de sonido como de imagen, pero me interesa ir compartiendo el proceso de producción de manera pública, es algo que nunca hice y que puede ser interesante.
Pero escuchar esta música tambien me hace pensar en ese otro cine más chiquito y que es el que puedo hacer y el que puedo vivir, porque como dije (o creo que dije) hay músicas que me internan en un mundo alternativo pero que sigue siendo el mío y en donde deambulo como un personaje que soy y no soy. Hace unos días editando Lejos de Paris, me pasó algo parecido con The Way We Were, de Barbra Streisand, el tema de la película Nuestros Años Felices. De repente una escena en donde estoy yo la musicalizo con esa canción porque a mi mente me viene el recuerdo de la despedida de los protagonistas frente al Central Park (otra vez NY) y la mezclo con las actrices que protagonizaron mis películas. Es como vincular algo que está en mi memoria y en la memoria popular con algo que está en mi memoria y en la memoria de unos pocos. Y la mezcla, un pastiche más que interesante, con una alta carga de romanticismo y cierto espíritu naiff, al borde de lo cursi, pero me gusta que sea así. Me doy cuenta que hoy miro para atrás y veo una vida que elegi y caminos que tuve que tomar por elección y otros de los que no me quedó alternativas. Y el cine que estoy haciendo es resultado de todo eso, Perra Negra ayer, Lejos de París hoy y quien sabe que vendrá mañana. La soledad del corredor de fondo, la soledad del editor frente a la pantalla. La soledad del espectador en la oscuridad de la sala. La soledad de las despedidas cuando nos damos cuenta que es difícil volver a amar sin pensar en el dolor que causa el amor. El capítulo de Lejos de Paris se llama Despedidas y aquí va un adelanto en borrador y en baja calidad tanto de sonido como de imagen, pero me interesa ir compartiendo el proceso de producción de manera pública, es algo que nunca hice y que puede ser interesante.
miércoles, 30 de enero de 2013
FINAL Y COMIENZO
Terminé de editar Perra Negra, hay una película allí. La distancia para verla con claridad no la tengo y no sé si la podré tener.
Cinco, seis o diez pasos para atrás y ver la obra en el contexto, con su espacio-tiempo. Me sigue gustando, nada se modifica cuando vuelvo a mirarla, solo hacen falta unos ajustes en el sonido.
Me doy cuenta que he terminado una película más y me parece algo muy normal, muy natural. Ahora Perra Negra empieza a viajar, para ver que pasa, que la miren otros y comenten, que la elijan o la desechen. Confrontar. Eso es lo bueno del cine, poder confrontar ideas, formas, contenidos y darnos cuenta que la mirada del otro a veces está tan cercana a la propia que nos sorprende y a veces está tan lejana que también nos sorprende. Perra Negra es un experimento extremo, algo que nos propusimos con Celia Ferrero como una prueba de hasta donde se podía llegar con una actriz sola frente a la cámara, con todos los riesgos que eso significa. Creo que no lo hubiera podido hacer con con otra actriz que no fuera ella. Poner el cuerpo -como lo puso Celia- no es fácil y conlleva un riesgo importante, porque si bien hay un director atrás que pide que eso suceda, es la actriz la que se expone de una manera cruda y hasta violenta en su propia soledad, con la única compañía de la cámara. Jugarse y largarse sin red, es algo que agradezco enormemente. Celia es la actriz con la que mejor me he entendido en los últimos años y también con la que más he discutido, discusiones que siempre han tenido que ver con el apasionamiento de este trabajo, pero que son necesarias en la construcción de algo tan inestable como el cine. Porque nosotros también somos inestables. Hay una película más y eso me hace feliz y seguramente Perra Negra en un futuro se transformará en otra experiencia tan extrema, tan vital y seductora como esta.
Cinco, seis o diez pasos para atrás y ver la obra en el contexto, con su espacio-tiempo. Me sigue gustando, nada se modifica cuando vuelvo a mirarla, solo hacen falta unos ajustes en el sonido.
Me doy cuenta que he terminado una película más y me parece algo muy normal, muy natural. Ahora Perra Negra empieza a viajar, para ver que pasa, que la miren otros y comenten, que la elijan o la desechen. Confrontar. Eso es lo bueno del cine, poder confrontar ideas, formas, contenidos y darnos cuenta que la mirada del otro a veces está tan cercana a la propia que nos sorprende y a veces está tan lejana que también nos sorprende. Perra Negra es un experimento extremo, algo que nos propusimos con Celia Ferrero como una prueba de hasta donde se podía llegar con una actriz sola frente a la cámara, con todos los riesgos que eso significa. Creo que no lo hubiera podido hacer con con otra actriz que no fuera ella. Poner el cuerpo -como lo puso Celia- no es fácil y conlleva un riesgo importante, porque si bien hay un director atrás que pide que eso suceda, es la actriz la que se expone de una manera cruda y hasta violenta en su propia soledad, con la única compañía de la cámara. Jugarse y largarse sin red, es algo que agradezco enormemente. Celia es la actriz con la que mejor me he entendido en los últimos años y también con la que más he discutido, discusiones que siempre han tenido que ver con el apasionamiento de este trabajo, pero que son necesarias en la construcción de algo tan inestable como el cine. Porque nosotros también somos inestables. Hay una película más y eso me hace feliz y seguramente Perra Negra en un futuro se transformará en otra experiencia tan extrema, tan vital y seductora como esta.
domingo, 20 de enero de 2013
Domingo, feliz domingo, JA
El primer o el último día, nunca se sabe, depende de cada uno, supongo que puedo elegir si el domingo empieza la semana o termina. Yo prefiero pensarlo como el último. Anoche terminé de editar una de las dos películas en las que estoy trabajando. Me gusta y me gusta dedicarle tiempo a la edición, cosa que a veces no se puede, cuando los tiempos apremian. En este caso los tiempos fueron los del proyecto, creo que si pudiera estaría editando todavía todas y cada una de mis películas, pero llega un momento en donde algo te hace parar y decir hasta acá llegué, no hace falta más.
Desde fines del año pasado que estoy prácticamente abocado a editar estos proyectos, pero el ritmo no siempre está vinculado con la cantidad de tiempo dedicado. Hoy es domingo y no tengo ganas de hacer nada prácticamente nada, tal vez porque sea el último día de la semana y hay que estar en forma para el día posterior o simplemente porque son de esos días en que la historia personal te cae como una piedra pesada sobre las espaldas y en eso me acompañan dos libros que dialogan conmigo aunque no lo sepan, uno es Proximidad del Amor de Tracey Emin y el otro Libro del Anhelo de Leonard Cohen. Los compré hace poco, el mismo día en la misma librería. Tracey Amin es artista plástica y hace pinturas, videos e instalaciones basándose en su propia vida, el libro en cuestión es una selección de artículos muy personales que publicó en el diario inglés The Independent y en el caso del libro de Leonard Cohen se trata de su poesía acompañada de dibujos hechos por él. La poesía de Cohen y los relatos de Amin hablan desde la primera persona, hablan del artista y de esa mirada sobre lo real pero que está corrida de lo real para construir un mundo personal y que, por suerte, modifica esa realidad. Y cuando leo algunas de estas páginas siento que hoy domingo puedo pensarme en espejo de esas palabras:
Me miraste
y nunca se me ocurrió
que pudieras estar escogiendo
al hombre de tu vida
me miraste
por encima de las botellas y los cadáveres
y yo creí
que estabas jugando conmigo
debías de pensar que estaba lo bastante loco
para ir detrás de tus ojos
y meterme en el hueco del ascensor
así que miré a otro lado
y esperé
a que te convirtieras en palmera
o en cuervo
o el vasto océano gris del viento
o el vasto océano gris de la mente
mirame ahora
casado con todas menos contigo
Leonard Cohen
Algunos párrafos de Proximidad del amor de Tracey Aman.
Nunca, nunca, nunca conocí a un hombre que me fuera fiel ¿Alguna vez encontraste a alguien que amás en la cama con otra persona? Dios, es tremendo. Lo que yo hice fue sentarme al lado de la cama y decirle lo débiles que eran, y fumé uno tras otro sus cigarrillos, y los dejé hundidos en una nube de humo (...)
Uno de mis mejores ex novios, a quien me referiré como F a los propósitos de esta historia, siempre me decía que era fiel. Y F es bastante copado porque no miente. Tiene una integridad que te hiela la sangre, y por eso todavía sigue siendo uno de mis mejores amigos.
En los buenos tiempos cuando todavía estábamos juntos, apareció un día a las seis de la tarde en mi departamento. Tenía el mismo aspecto de siempre, salvo por un enorme chupón en el cuello y la oreja llena de marcas de mordidas. Convoqué a todos los dioses, me preparé, y le dije con calma: "Sapito ¿por qué tenés un chupón en el cuello?
El fue al baño , se miró en el espejo y me contestó: "Por Dios, se ve muy mal. No te conté ¿no? Iba caminando por Wardour Street y decidí tomar un atajo a la oficina de mi hermano y crucé por un estacionamiento de autos, la barrera cayó sobre mí, mar araño la oreja y terminó encima de mi cuello" En ese momento lo abracé y le dije: "Ay, ¿estás bien?"
Cada vez que cuento esto, pongo los ojos en blanco, y F y yo nos reímos un rato. Pero el chiste es sobre mi. Odio mi monogamia tanto como odio mi manera de beber. Algunos días, me levanto y quiero cogerme al mundo. Y supongo que, a mi dulce manera, lo hago
Los artistas o quienes nos creemos que lo somos, pueden-podemos-intentamos poner en obra, en palabras los miedos, los fantasmas y los placeres que nos atraviesan, funciona como un exorcismo, como poder echar de encima lo malo y para seguir convocando a todo lo bueno que nos puede pasar.
Pero también sucede que en determinados momentos, esa vida que hemos elegido y que muchas veces se corre de lo que podríamos llamar la cotidianeidad del común de los mortales, molesta y pretendemos que la ecuación sea otra. Y los domingos son días perfecto para abandonar cierta vestimenta para ponernos otra.
Hoy querría tener una foto familiar en mi biblioteca, de esas en donde no falta nadie, mujer, hijos hasta el perro. Yo tengo las fotos fragmentadas, ex mujeres, hijos y ahora también una perra. Así que OK, no hay foto y no importa ya demasiado. Los hijos acompañan pero en algún momento harán su vida, la perra seguirá ahí, pero sigue siendo un animal. En definitiva y volviendo a los textos más arriba, quizás lo que falta es lo que falta. Esa persona que nos acompañe y que uno pueda creer (aunque sea difícil) que es para siempre y que pueda estar en esos momentos en que siempre necesitamos que esté, por ejemplo los domingos.
Desde fines del año pasado que estoy prácticamente abocado a editar estos proyectos, pero el ritmo no siempre está vinculado con la cantidad de tiempo dedicado. Hoy es domingo y no tengo ganas de hacer nada prácticamente nada, tal vez porque sea el último día de la semana y hay que estar en forma para el día posterior o simplemente porque son de esos días en que la historia personal te cae como una piedra pesada sobre las espaldas y en eso me acompañan dos libros que dialogan conmigo aunque no lo sepan, uno es Proximidad del Amor de Tracey Emin y el otro Libro del Anhelo de Leonard Cohen. Los compré hace poco, el mismo día en la misma librería. Tracey Amin es artista plástica y hace pinturas, videos e instalaciones basándose en su propia vida, el libro en cuestión es una selección de artículos muy personales que publicó en el diario inglés The Independent y en el caso del libro de Leonard Cohen se trata de su poesía acompañada de dibujos hechos por él. La poesía de Cohen y los relatos de Amin hablan desde la primera persona, hablan del artista y de esa mirada sobre lo real pero que está corrida de lo real para construir un mundo personal y que, por suerte, modifica esa realidad. Y cuando leo algunas de estas páginas siento que hoy domingo puedo pensarme en espejo de esas palabras:
Me miraste
y nunca se me ocurrió
que pudieras estar escogiendo
al hombre de tu vida
me miraste
por encima de las botellas y los cadáveres
y yo creí
que estabas jugando conmigo
debías de pensar que estaba lo bastante loco
para ir detrás de tus ojos
y meterme en el hueco del ascensor
así que miré a otro lado
y esperé
a que te convirtieras en palmera
o en cuervo
o el vasto océano gris del viento
o el vasto océano gris de la mente
mirame ahora
casado con todas menos contigo
Leonard Cohen
Algunos párrafos de Proximidad del amor de Tracey Aman.
Nunca, nunca, nunca conocí a un hombre que me fuera fiel ¿Alguna vez encontraste a alguien que amás en la cama con otra persona? Dios, es tremendo. Lo que yo hice fue sentarme al lado de la cama y decirle lo débiles que eran, y fumé uno tras otro sus cigarrillos, y los dejé hundidos en una nube de humo (...)
Uno de mis mejores ex novios, a quien me referiré como F a los propósitos de esta historia, siempre me decía que era fiel. Y F es bastante copado porque no miente. Tiene una integridad que te hiela la sangre, y por eso todavía sigue siendo uno de mis mejores amigos.
En los buenos tiempos cuando todavía estábamos juntos, apareció un día a las seis de la tarde en mi departamento. Tenía el mismo aspecto de siempre, salvo por un enorme chupón en el cuello y la oreja llena de marcas de mordidas. Convoqué a todos los dioses, me preparé, y le dije con calma: "Sapito ¿por qué tenés un chupón en el cuello?
El fue al baño , se miró en el espejo y me contestó: "Por Dios, se ve muy mal. No te conté ¿no? Iba caminando por Wardour Street y decidí tomar un atajo a la oficina de mi hermano y crucé por un estacionamiento de autos, la barrera cayó sobre mí, mar araño la oreja y terminó encima de mi cuello" En ese momento lo abracé y le dije: "Ay, ¿estás bien?"
Cada vez que cuento esto, pongo los ojos en blanco, y F y yo nos reímos un rato. Pero el chiste es sobre mi. Odio mi monogamia tanto como odio mi manera de beber. Algunos días, me levanto y quiero cogerme al mundo. Y supongo que, a mi dulce manera, lo hago
Los artistas o quienes nos creemos que lo somos, pueden-podemos-intentamos poner en obra, en palabras los miedos, los fantasmas y los placeres que nos atraviesan, funciona como un exorcismo, como poder echar de encima lo malo y para seguir convocando a todo lo bueno que nos puede pasar.
Pero también sucede que en determinados momentos, esa vida que hemos elegido y que muchas veces se corre de lo que podríamos llamar la cotidianeidad del común de los mortales, molesta y pretendemos que la ecuación sea otra. Y los domingos son días perfecto para abandonar cierta vestimenta para ponernos otra.
Hoy querría tener una foto familiar en mi biblioteca, de esas en donde no falta nadie, mujer, hijos hasta el perro. Yo tengo las fotos fragmentadas, ex mujeres, hijos y ahora también una perra. Así que OK, no hay foto y no importa ya demasiado. Los hijos acompañan pero en algún momento harán su vida, la perra seguirá ahí, pero sigue siendo un animal. En definitiva y volviendo a los textos más arriba, quizás lo que falta es lo que falta. Esa persona que nos acompañe y que uno pueda creer (aunque sea difícil) que es para siempre y que pueda estar en esos momentos en que siempre necesitamos que esté, por ejemplo los domingos.
martes, 1 de enero de 2013
Happy new que?
Fin de año en Rosario, fin de año en Buenos Aires, en Corrientes, en Santa Fe, en Mar del Plata, en La Habana, en Río de Janeiro, en Villa Gesell y quizás algunas ciudades más que no recuerdo, pero en las que me encontró el happy new year.
Terminar y empezar, terminar y empezarme. Una especie de nueva oportunidad o de desafiar la buena suerte anterior, redoblar la apuesta o quitarse de encima lo pesado, la angustia y el dolor que se deberían ir con el fin del calendario. En definitiva todo y nada.
Empiezo a escribir esto en la soledad de una casa, en un pueblo, cerca del campo, cerca de la ciudad. Lejos y cerca.
Pies descalzos, el viento que entra y apenas te acaricia. El cuerpo sobre el sillón y pensar que puede haber alguien en otra parte que también este pensando lo mismo que yo. No se sí será así pero me gustaría pensarlo, como me gustaría filmar una película en Escocia... o mejor en Dubai en el próximo año nuevo.
Le dije a una mujer: no es bueno estar lejos pero es bueno saber que vas a volver. A ella le gustó la frase, pero no se sí volverá. Ayer vi una película que se llama Historias de Familia, la dieron por tv, me sentí identificado con el protagonista, el personaje de Jeff Daniels, podría haber sido un comensal más de mi película El Asadito, pero es difícil que Jeff Daniels venga a Rosario a filmar una película así, pero si la hubiéramos hecho en Brooklyn o en el Bronx quizás se hubiera prendido.
Amanece y no tengo sueño, podria estar en alguna de las fiestas que hay en la ciudad en este momento, pero elegí no estar. No tengo ganas de bailar, no soy un experto bailarín ni mucho menos, pero a veces me gusta bailar, aunque nadie me lo crea. Me imagino que Cassavetes pasaba año nuevo junto a Gena Rowlands y Bergman lo ha pasado varias veces con Liv Ullman y Fellini con Giulietta Massina y ¿Amalia Granata con Robbie Williams? Ah, perdón, Williams no es director de cine.
Lugares donde la ficción muta, donde lo real no es lo mismo que la realidad. Prefiero a Gena antes que a Amalia, aunque ser una estrella de rock no estaría nada mal, pero creo que estoy viejo para eso, como también lo estoy para jugar en la Primera de Newells Old Boys. El cine o el teatro todavía me aguantan y espero que a fines del 2013 pueda brindar con Gena, Liv o Giulietta.
Terminar y empezar, terminar y empezarme. Una especie de nueva oportunidad o de desafiar la buena suerte anterior, redoblar la apuesta o quitarse de encima lo pesado, la angustia y el dolor que se deberían ir con el fin del calendario. En definitiva todo y nada.
Empiezo a escribir esto en la soledad de una casa, en un pueblo, cerca del campo, cerca de la ciudad. Lejos y cerca.
Pies descalzos, el viento que entra y apenas te acaricia. El cuerpo sobre el sillón y pensar que puede haber alguien en otra parte que también este pensando lo mismo que yo. No se sí será así pero me gustaría pensarlo, como me gustaría filmar una película en Escocia... o mejor en Dubai en el próximo año nuevo.
Le dije a una mujer: no es bueno estar lejos pero es bueno saber que vas a volver. A ella le gustó la frase, pero no se sí volverá. Ayer vi una película que se llama Historias de Familia, la dieron por tv, me sentí identificado con el protagonista, el personaje de Jeff Daniels, podría haber sido un comensal más de mi película El Asadito, pero es difícil que Jeff Daniels venga a Rosario a filmar una película así, pero si la hubiéramos hecho en Brooklyn o en el Bronx quizás se hubiera prendido.
Amanece y no tengo sueño, podria estar en alguna de las fiestas que hay en la ciudad en este momento, pero elegí no estar. No tengo ganas de bailar, no soy un experto bailarín ni mucho menos, pero a veces me gusta bailar, aunque nadie me lo crea. Me imagino que Cassavetes pasaba año nuevo junto a Gena Rowlands y Bergman lo ha pasado varias veces con Liv Ullman y Fellini con Giulietta Massina y ¿Amalia Granata con Robbie Williams? Ah, perdón, Williams no es director de cine.
Lugares donde la ficción muta, donde lo real no es lo mismo que la realidad. Prefiero a Gena antes que a Amalia, aunque ser una estrella de rock no estaría nada mal, pero creo que estoy viejo para eso, como también lo estoy para jugar en la Primera de Newells Old Boys. El cine o el teatro todavía me aguantan y espero que a fines del 2013 pueda brindar con Gena, Liv o Giulietta.
lunes, 31 de diciembre de 2012
CANCION DE LA CIUDAD DESNUDA (texto de Lejos de Paris)
Leer con la música que aquí se adjunta: https://soundcloud.com/gposti/canci-n-de-la-ciudad-desnuda
Despiadada noche, música del aire y los edificios que caen lentamente, como una canción. La canción del cemento, de los autos, del
sonido que aturde, como aturde el silencio cuando el televisor está apagado.
Estallidos y libros, recursos de los discos o metáfora equivocada, todo suma en la tremenda pavada.
Disimular la actitud cool, por las dudas.
Atravesar la noche y sobrevivir al recuerdo.
El ruido es incesante y necesario para dormir. El
calor y los cuerpos mojados
se secan al sol que los vuelve a humedecer.
El calor derrite la ciudad y la ciudad derrite lo
que sea, me derrite a mi, derrite el amor
y te deja sólo con ella.
De nuevo la ciudad y yo, tema de composición, escribir como en la primaria, acerca de la vaca, acerca de la
familia o de la música que vuelve desfasada, fuera de sincro y desafinada.
Ciudad de música, de rock, de chicas y chicos pop, de DJs. Ciudad de noche, ciudad
narcótica, ciudad de cerveza y coca cola. El placer de sentir que el cuerpo
se desprende de los sentidos para tener otros sentidos, esos que no se pueden
escribir, que no se pueden describir, que no se pueden filmar sin caer en la
obviedad.
El goce de lo secreto, de lo imposible.
Y ahí están ellas, las tetas, que siempre esperan, me esperan con la sensualidad
que sólo otorga el deseo y el
recuerdo.
jueves, 20 de diciembre de 2012
CINE
Recuerdo de Mala Sangre ese travelling con el tema Modern Love de Bowie de fondo. Una escena clásica de lo que debe haber sido el inicio de la post modernidad cinematográfica. Leos Carax ha tenido (o tiene) esa particularidad: con unas pocas películas dejar marcas novedosas en el cine que lo colocan un poco por delante de sus contemporáneos. Mala Sangre es de mediados de los 80 y creo que para los que empezábamos a hacer cine en ese momento nos queda el recuerdo, perdón, a mi me queda el recuerdo de decirme: ¡qué buena idea! En ese film estaban Daniel Lavant y Juliette Binoche. La pareja se repetiría unos años después en Los Amantes del Pont Neuf, otro trabajo de Carax que ya era un cineasta moda y Binoche y Lavant los íconos de esa modernidad cinematográfica.
Hace unos días vi Holy Motors, la última película de Carax luego de 13 años de no filmar un largometraje. Denis Lavant, protagonista absoluto y con un trabajo que daría envidia a cualquier actor, ya no es el joven rebelde de aquellos films, ahora es un señor de cincuenta años a los que parece que dos vidas enteras se le marcan en la cara y más transgresor que cualquiera de sus otras composiciones. Holy Motors es de esas películas que nos hacen pensar que siempre puede haber algo nuevo en el cine y que esa novedad nos puede seguir sorprendiendo y dando placer. Y otra vez el mismo pensamiento de hace treinta años atrás: ¡qué buena idea!
Hace unos días vi Holy Motors, la última película de Carax luego de 13 años de no filmar un largometraje. Denis Lavant, protagonista absoluto y con un trabajo que daría envidia a cualquier actor, ya no es el joven rebelde de aquellos films, ahora es un señor de cincuenta años a los que parece que dos vidas enteras se le marcan en la cara y más transgresor que cualquiera de sus otras composiciones. Holy Motors es de esas películas que nos hacen pensar que siempre puede haber algo nuevo en el cine y que esa novedad nos puede seguir sorprendiendo y dando placer. Y otra vez el mismo pensamiento de hace treinta años atrás: ¡qué buena idea!
domingo, 2 de diciembre de 2012
FOREVER
Hay
algo que está pero está afuera, hay algo que se insinúa pero no se ve ni se
escucha. La sensación de que somos partícipes de un secreto, de que algo puede
ser revelado pero solo si descubrimos las pistas podremos develar el secreto.
La foto es de 1962, podría ser una escena de La Caldera del Diablo, pero
claro, quien se acuerda hoy de La Caldera del Diablo o de Peyton Place, es como
hablar de un wincofon. Un wincofon del que seguramente salía la música con la
que están bailando. El padre de la novia tiene mi edad hoy, pero yo parezco más
joven que él. Mi abuelo siempre fue mi abuelo, con cara de abuelo, con pose de
abuelo, con actitud de abuelo. Ella, la protagonista vestida de blanco esconde
sus palabras, como un secreto gritado, no sabe, no imagina que esta foto se
trasladará en el tiempo cincuenta años hasta el momento en que ni siquiera
pueda recordar ese instante. Es como si la fotografía me dijera que ese tiempo
está vivo, que hay una paradoja espacio temporal que permite que lo que allí
sucede no deje de suceder nunca. El eterno retorno. Volver para volver a vivir,
para evitar la muerte que siempre nos visitó en sus múltiples formas. Mis ojos se pasean por el espacio fotográfico en
donde ellos están congelados pero en movimiento, lo recorre como un flâneur,
buscando el gesto preciso, la mirada fuera de escena, fuera de cuadro, tratando
de escuchar esa voz que apenas se intuye en una instantánea de 1962.
En
esa foto hay amor pero también hay misterio, ninguno de los que allí están miran
para el mismo lado, solo uno observa al fotógrafo, solo uno es consciente de la
existencia de la cámara o quizás no sea la cámara, quizás sea un ser misterioso
y amenzante y ellos cual personajes lynchianos hacen como que no lo ven salvo
mi abuelo, porque él si sabe de ficciones, él si puede enfrentarse a los
villanos, a los monstruos allende los mares o a cualquier amenaza futura. El
quizás sea un espía inglés, un miembro de la masonería. Tal vez fuera un
agente, como el 007 de Ian Fleming o el El espía que volvió del frío de Le
Carre o simplemente nuestro hombre en Rosario que me llevó al encuentro de
Graham Greene en la terraza del Asadito, de la misma manera que lo hizo con el
tesoro del pirata Morgan. Pero mientras hacía de espía en el casamiento de su
hija, ella y su marido se preparan para sus próximos cincuenta años juntos, sin
saber lo que eso significa, sin poder pensar con anticipación que el dolor y la
felicidad empiezan y terminan en el mismo momento.
martes, 6 de noviembre de 2012
Durante tantos años en que uno recorre circunstancias, me gusta el término circunstancias, se encuentra con gente que de una u otra manera se vincula con esta hermosa profesión que es hacer cine. En ese camino me he cruzado con mucha gente, con algunos he entablado una relación de afecto, con otros un saludo atento y con la mayoría solo nos hemos cruzado tímidamente las miradas. Si de algo me arrepiento es de no haber aprovechado las pocas oportunidades en que coincidimos en el mismo tiempo y lugar con el más grande director de cine de este país, es obvio que estoy hablando de Leonardo Favio. Lo que pasa es que uno piensa que siempre va a haber tiempo para todo, pero la muerte te demuestra que los calendarios o las agendas pueden cancelarse sin aviso previo. Creo que todas las generaciones que empezamos a estudiar desde principios de la democracia hasta la fecha, hemos tenido al cine de Favio como un referente insoslayable, aunque el cine que eligiéramos estuviera cerca o en las antípodas del de él, siempre sería un tipo a respetar a admirar. Favio logró lo que pocos creadores pueden hacer: ser un artista de culto y a su vez popular. Su primeras películas intimistas, elaboradas con una sofisticación digna de Antonioni o de Bresson lo ponen en el lugar de un cineasta que mira por delante de sus contemporáneos, ya que mientras sus colegas trabajaban ciertas cuestiones formales de la misma manera que Favio, la diferencia estaba en que el gran Leonardo dotaba a esa elegancia formal de un contenido de raigambre popular que solo era posible que surgiera de un tipo con su historia, pensemos si no en los personajes de Crónica de un niño solo o lo de El romance del Aniceto y la Francisca o El dependiente y contrapongámoslo con cualquier personaje o situación de la llamada Generación del 60. Favio lograba ir un paso más allá, podía mirar la realidad con un espejo que reflejaba lo que otros no veían, ese es el don de un verdadero artista. Y ese sentido que había desarrollado le sirvió para pegar un salto hacia un cine popular pero que podía mantener su condición autoral: ahí llegan Juan Moreira y Nazareno Cruz y el Lobo, dos de las películas más vistas en la historia del cine argentino que tienen la estructura de tragedias en donde siempre sabemos el futuro que correrá el protagonista, pero no por eso dejaremos de emocionarnos o disfrutar de esas grandes películas. Y como cierre de su segunda trilogía aparece la que yo creo que es su gran película: Soñar, soñar. Es el film que se acerca mucho a sus primeros trabajos a nivel formal o de su narración, pero lo transforma en masivo y popular a partir de Carlos Monzón y Gianfranco Pagliaro, la escena en que Pagliaro le ata los rulitos a Monzón está entre las escenas antológicas de la historia del cine argentino.
Luego el exilio y la esperada Gatica, que debo reconocer que no es de mis preferidas, pero bueno, seguía siendo Favio al igual que en Sinfonía de un sentimiento o en su nueva versión de El Aniceto. Favio es de los artistas que no daban pasos en falso y que eran a su vez imprevisibles. Pocos como él hay en el mundo y por suerte podemos seguir disfrutando de sus películas que ninguna de ellas ha envejecido en lo más mínimo.
Luego el exilio y la esperada Gatica, que debo reconocer que no es de mis preferidas, pero bueno, seguía siendo Favio al igual que en Sinfonía de un sentimiento o en su nueva versión de El Aniceto. Favio es de los artistas que no daban pasos en falso y que eran a su vez imprevisibles. Pocos como él hay en el mundo y por suerte podemos seguir disfrutando de sus películas que ninguna de ellas ha envejecido en lo más mínimo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


