jueves, 30 de agosto de 2012
PLAY STOP AND PLAY
El sol apenas se ve desde mi posición, pero lo puedo adivinar por la intensidad de la luz que proviene tanto desde el inicio de la enredadera, hoy seca por la época, y por esa pequeña ventana cerrada desde la que ingresa una haz celeste iluminando el cuadro rojo. La barra, el espejo y las bebidas duplicadas. Jack Daniels, Bombay Sapphire, Havanna Club. El partido de Newells es muy pobre. Tres salchichas en un pan y savora con miel. Coca Zero. Mate nuevo curado con whisky. Dan Letra y Música en TNT HD una de esas películas que a pesar de lo básica, simple y previsible, me gusta mirar cada tanto y si es por televisión, mejor.´
Tocar blues con un solo dedo se aprende en la web.
Mi guitarra y los problemas de la motricidad fina
Ella me propone análisis de textos epistolares que nos hemos enviado como una llave que abra la puerta de los lugares inconscientes que aparecerán en la película -que siempre siempre está en proceso- y que es el recorrido que día a día nos permite respirar. Lo femenino toma cuerpo en mis trabajos. En mi trabajo las mujeres son más confiables.
Los roedores atacan pero no los veo. Rosario ciudad de murciélagos y ratones. The rat is dead.
T Rex y Marc Bolan en VH1 Classic ¿dónde estaban esos videos durante todos estos años?
Una silla verde, dos pies (los míos) apoyados sobre la silla verde y la madrugada que no me deja dormir, como si el insomnio me empujara a escribir algo que no sé, el insomnio me obliga a escribir y guía a mis dedos sobre el teclado para golpear sobre el papel blanco de la pantalla. El resultado: lectura del cerebro.
Estoy solo, a veces no vivo solo, a veces no estoy solo, pero las compañías no modifican la condición. Los hijos que van y vienen, que se quedan un rato, que se quedan un día o un par de noches: no modifican la condición. La perra, fiel compañera, tampoco modifica la condición. La mujer que puede o no dormir a mi lado tampoco modifica la condición. La soledad no es un estado, es una decisión.
La noche es la dueña del momento, las luces que entraban por los huecos ahora no lo hacen. Vemos las luces de los artefactos, luces que solo acompañan o acompañaran a los invitados a sus hoteles para despues ir a cenar. Las dos pastillas de la mañana y que sin saberlo me tranquiizan frente a la irrupción del insomnio. Final Cut vs. Adobe Premiere. Una pavada.
JLG en la televisión pública ¿de que se quejan? copias nuevas en HD de Godard durante cuatro noches en la televisión estatal. Algo a lo que gratamente me estoy acostumbrando. Reuniones. La intersección de Ovidio Lagos es el mejor lugar para tomar un taxi. Los taxistas, seres que parecen querer ponerse a la humanidad en su contra. Extraño, pero 4 cuatro de cada 10 taxistas me conocen y hasta han visto mis películas. No me interesan los tacheros que no miran a Godard.
Quizás nunca hubo nadie esperando, ni al principio, cuando la pulsión adolescente todavía corría por las venas, quizás no hacía falta apurarnos para llegar a ningún lado, porque siempre corrimos en el mismo lugar, porque el viaje siempre fue por dentro, porque los ojos nunca miraron lo que tenían que mirar. Entonces ahora que no cabe duda que la madurez es un estado al que no se le puede aplicar la subjetividad, es probable que el viaje comience y que la puerta se pueda abrir y que el correr ya no signifique quedarse siempre en el mismo sitio. Es necesario dejar de convivir con la sensación de que en algún momento hubo un error que altero los planes y que modificó el estado de las cosas. Las películas están ahí, a la mano, es cuestión de poner play y el mundo se modificará, el mío y el tuyo.
sábado, 25 de agosto de 2012
Degradé, un show que se agradece y un recorrido en mi memoria
Anoche vi
un muy buen show, de esos que no se ven a menudo, elegante, con cierto grado de
sofisticación y buen gusto. Y lo mejor de todo es que era una banda de la
ciudad que después de varios años volvía a presentar un disco nuevo. Los chicos
se tomaron su tiempo y creo que hay un momento en la vida de los artistas en
que las pausas son necesarias para crear y superarse. Pausas que no significan
dejar de hacer sino todo lo contrario, pausa para entrenar e ir haciendo
partidos amistosos para llegar en la mejor forma al campeonato. Degradé se
llama la banda y si bien conozco bastante sus trabajos, me encontré con
canciones que parecían habían pasado por un proceso de depuración que las
separaba notablemente de su historia pasada. Mientras disfrutaba el recital
recordaba como los había conocido y los años que pasaron desde aquel primer
encuentro hasta hoy y como la música acompaña de muchas maneras los cambios y
las metamorfosis que se suceden en la vida de cada uno y a veces la casualidad
o el destino hacen que los caminos siempre se vuelvan a cruzar aunque de
maneras distintas. Degradé debe ser la banda local junto a Coki Debernardi
(otro amigo del camino) que más he visto tocar en vivo y eso se ha dado por
motivos que muchas veces ha excedido el hecho musical. La primera vez que me
topé con ellos fue cuando presentaban su primer disco y yo tenía un programa
para Canal (a) en donde cubríamos parte de la cartelera cultural de la ciudad.
Esto fue hace doce o trece años atrás. Todos éramos más jóvenes y ellos más aún.
Un tiempo después el destino o el azar, vaya uno a saberlo, hicieron que
Degradé y yo nos encontráramos pero ya fuera de la música. Relaciones que se
vinculan con otras relaciones, amores y amistades que llegan al mismo lugar y
de repente compartimos asados, cumpleaños y otros eventos. Un día necesité escaparme de esta ciudad por
un tiempo y ellos fueron el salvoconducto. Me fui de gira con Degradé a la
costa para grabar el video clip de la versión de Los Dinosauroios de Charly,
que era el corte de difusión de su segundo CD. En ese momento confirmé que no
eran una bandita más de pop o de rock, era un grupo empecinado en hacer música
y justo las coordenadas los habían puesto en el palo del rock, pero el rock era
solo la excusa y por suerte eso es lo que me gusta de una banda de rock, cuando
la música está por encima del género, ya que de otra manera cualquiera puede hacerlo.
Creo que el video de Los Dinosaurios quedó bastante bien y tiempo después el
mismo Charly subió a tocar con Degradé su tema en el Roxy en Buenos Aires.
Recuerdo la cara de feliz cumpleaños de todos ellos esa noche. Si Charly había
decidido y aceptado subirse con ellos al escenario y aprobar la versión de su
propio tema era porque algo funcionaba. Por esa época colaboran por primera vez
en una de mis películas, haciendo dos muy buenos covers para El Cumple y unos
años más tarde participan en La Peli con parte de la banda sonora, demostrando
que podían ser músicos todo terreno. Fueron pasando los años y seguí yendo a
recitales y presentaciones de nuevos discos, mientras también seguía compartiendo
algunos otros espacios, pero de manera más espaciada ya que las relaciones que se
vinculaban con otras relaciones y los amores y amistades que llegaban a un
mismo lugar empezaron a cambiar sus puntos de encuentros y de llegadas, pero el
afecto y la amistad siempre estuvieron presentes. Por algún motivo, Degradé mantuvo
lo que podríamos llamar un perfil bajo para las bandas de esta ciudad, a pesar
de que la suerte –porque siempre es la suerte- los podría haber puesto en otro
lugar. Hoy hay muchas banditas que de repente sacan discos y tocan por todos lados, hoy la primera
guitarra de un pibe que quiere hacer música es una Fender, hace años con suerte
era una stratocaster nacional. Pasa lo
mismo con el cine, el video o la fotografía, acceder a la tecnología hoy es muy
fácil. Entonces cualquiera puede grabar su disco en la habitación de su casa y
con un poco de dinero organiza un recital. Hoy también con cualquier cámara
digital se puede hacer una película y editarla en la casa con el mismo paquete
de soft que se masteriza un CD. Pero la diferencia no está en las posibilidades
sino en el resultado de lo que esas posibilidades logran en cada caso. Esperar
cinco años para sacar un nuevo disco es señal de madurez, es señal de que por
más que se puedan tener los recursos y los medios para producir o grabar, si no
hay nada importante para mostrar o decir, si no se encuentran los motivos para
entrar en un estudio a grabar, no hay que hacerlo. Nahuel Marquet tiene una de
las mejores voces del rock nacional y su poética es claramente deudora de Spinetta
pero también de una tradición netamente rosarina que se evidencia en algunos
versos como así también en acordes y arreglos. Pato Cattaneo creció como
cantante y en seguridad en el escenario, quizás producto de sus incursiones
solistas y ahora si puede poner su voz como el lado B de su compañero y sus
canciones balancean de manera más equitativa el dúo, otorgándole el costado más
pop del grupo, algo necesario en una banda que por lo general carece de “temas-hit-de-clara-difusión-radial”.
Degradé dejo la incontinencia
adolescente y pasó a formar parte del reducido grupo de bandas locales que le
disputan de igual a igual el escenario a cualquier banda "consagrada! de Buenos Aires. Este
nuevo disco los consolida, los pone en un lugar en el que no tienen miedo de
confrontar musicalmente con la historia del rock, aceptando las influencias
pero dándole una identidad propia. Ayer los volví a ver después de bastante
tiempo, quizás un par de años o más que no los veía en un escenario. Justamente
las cuestiones del destino o del azar hicieron que no nos cruzáramos como en
otras ocasiones y que los puntos de encuentro ya no fueran los mismos, pero hay
caminos que más temprano que tarde nos llevan al mismo lugar, ese lugar y valga
el lugar común es el placer por la música. Por eso disfruté de la elegancia de
un recital que pese a algunos nervios evidentes y necesarios de los
protagonistas dan cuenta de un laburo y una profesionalidad que no debería
sorprender pero que también eleva el standard y puede marcar tendencia para
algunos de sus colegas. Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo han crecido, han
madurado y han sido consecuentes con su trabajo. Seguramente pasará menos
tiempo hasta su próximo disco, que podrá ser más o menos logrado que este que acaban
de estrenar, pero eso no importa
demasiado, cuando los artistas pisan con fuerza en su terreno, sus marcas
siempre quedan presentes.
lunes, 20 de agosto de 2012
UN POCO DE TODO
Viernes
Cortocircuito entrante, amor fugaz en vivo. Y el Mustang que se materializa sin que me lo proponga. Mustang 67 como el de Steve Mc Queen en Bullit. Palabras con sonoridad: Bullit, Pekinpah, Polanski, Epiphone, Brigitte, Cukor, Mellville.
La velocidad de los años encriptada en una revista de Editorial Novara. Descansan en una pila al lado de la cama en 1968 después que el chico perdió las amigdalas. Recorrido por los tajos en el cuerpo. Amigdalas. Apéndice. Vesícula. Muelas.Tumor.
Miro la escalera, encuentro un ángulo desde el que se ve el cuadro rojo atrapado entre rejas. Rojo, rejas. Los ladrillos broncean el ambiente, lo transforman en un color cálido. Color, cálido. 47.8 dice la temperatura de la máquina. Tengo una hackintosh. Hoy es el tercer día de reposo en mi casa. Las heridas parecen que se amoldan a mi cuerpo y las molestias se van disipando. Camino por la casa, subo y bajo lentamente las escaleras. Hoy al mediodía saqué la basura. Pude cocinar, a veces solo, a veces con la ayuda de mi hija. Anoche hice tartas para algunas de mis actrices. Al mediodía de hoy se terminaron las tartas. Mi hijo pequeño hoy vuelve a dormir conmigo. Yo trato de hacer una película o escribir un libro en mi ausencia. Mi ausencia de mi que ahora es presencia de mi. No tengo mucho por por hacer: mirar, escribir, volver a mirar y volver a escribir. Revisar guiones y una obra de teatro. Pensar películas que no haré ya que lo que haré será el residuo de ese pensamiento. Pensar en crear es pensar en crear algo que no está en el pensar sino en el resultado dialéctico producto de ese pensar con el hacer que se dilata en un tiempo incierto. Tiempo incierto, tiempo al que ya no le temo. Vencer al tiempo o discutir con el tiempo. Desde que estaba en la secundaria ese era un problema para mi. Mi primer (y vergonzoso) poema lo escribí en la secundaria y todavía lo guarda mi viejo amigo Fernando quizás como una amenaza permanente que no puedo olvidar. Ese poema se llama o llamaba Tiempo y no sé por qué a los 16 años a mi me preocupaba tanto el paso del tiempo.
Lunes
El viernes pensé en el transcurso del tiempo y ya es lunes y el tiempo sigue. Lo único que no puede dejar de modificarse.
Es martes, el tiempo sigue.
Empecé con la cuarta temporada atrasada de Californication
Miércoles por la noche, día de Person of Interest.
Jueves, me sumerjo en la web, divertido diálogo que se prolonga en el tiempo, ensayo, insomnio.
Viernes, las palabras escritas en el papel dicen que el Alien era un tipo jodido y que si no lo sacaban de ahí podría haber un estrago tal que mejor ni pensarlo. Ceno en un restaurante que asaltarán al día siguiente, termino la noche entre amigos, amigas, colegas, músicos y etc., en el que parece el nuevo lugar de encuentro de lo que en los años 20 le hubieran llamado "la bohemia rosarina": El Diablito. Llego a mi casa a la madrugada y parece que la vida empezó de nuevo.
Sábado y domingo, disfrutar de mi hijo, escribir, mirar películas, salir por ahi, finalizar el guión de un trhiller.
Anoche, domingo, vi en la televisión Imparable, la última película de Tony Scott, la daban en Cinecanal y en HD, la empecé a ver solo porque es un director que me interesa, ya que la trama era poco atractiva: un tren sin chofer a toda velocidad y cargado de vagones con combustibles atraviesa pueblos de Estados Unidos y la única posibilidad de que no ocurra una tragedia es que el bueno de Denzel Washington junto al novato Chris Pine logren alcanzarlo en su locomotora que va marcha atrás y con el acelerador a fonfo. Pero Tony Scott lo hace, me tiene atrapado toda la película y hasta me emociona el final cuando los protagonistas se encuentran con su familia. No cabe dudas, es puro Hollywood, pero ahí hay un director. Y mientras Cinecanal daba Imparable en otra de las señales de cable pasaban Deja Vu, también con Washington y dirigida por Scott que cada vez que la encuentro tengo que detener el zapping y mirarla. Unos dias atrás también dieron esa pequeña joya que es El Ansia, esta vez Scott dirigiendo a David Bowie, Susan Sarandon y Catherine Denueve, una de vampiros realmente glamorosos de los que seguramente se sentirían envidiosos los niños de Crepúsculo.
Hoy me levanté y cuando enciendo la computadora me encuentro con la noticia que se suicidó Tony Scott. Una pena.
Cortocircuito entrante, amor fugaz en vivo. Y el Mustang que se materializa sin que me lo proponga. Mustang 67 como el de Steve Mc Queen en Bullit. Palabras con sonoridad: Bullit, Pekinpah, Polanski, Epiphone, Brigitte, Cukor, Mellville.
La velocidad de los años encriptada en una revista de Editorial Novara. Descansan en una pila al lado de la cama en 1968 después que el chico perdió las amigdalas. Recorrido por los tajos en el cuerpo. Amigdalas. Apéndice. Vesícula. Muelas.Tumor.
Miro la escalera, encuentro un ángulo desde el que se ve el cuadro rojo atrapado entre rejas. Rojo, rejas. Los ladrillos broncean el ambiente, lo transforman en un color cálido. Color, cálido. 47.8 dice la temperatura de la máquina. Tengo una hackintosh. Hoy es el tercer día de reposo en mi casa. Las heridas parecen que se amoldan a mi cuerpo y las molestias se van disipando. Camino por la casa, subo y bajo lentamente las escaleras. Hoy al mediodía saqué la basura. Pude cocinar, a veces solo, a veces con la ayuda de mi hija. Anoche hice tartas para algunas de mis actrices. Al mediodía de hoy se terminaron las tartas. Mi hijo pequeño hoy vuelve a dormir conmigo. Yo trato de hacer una película o escribir un libro en mi ausencia. Mi ausencia de mi que ahora es presencia de mi. No tengo mucho por por hacer: mirar, escribir, volver a mirar y volver a escribir. Revisar guiones y una obra de teatro. Pensar películas que no haré ya que lo que haré será el residuo de ese pensamiento. Pensar en crear es pensar en crear algo que no está en el pensar sino en el resultado dialéctico producto de ese pensar con el hacer que se dilata en un tiempo incierto. Tiempo incierto, tiempo al que ya no le temo. Vencer al tiempo o discutir con el tiempo. Desde que estaba en la secundaria ese era un problema para mi. Mi primer (y vergonzoso) poema lo escribí en la secundaria y todavía lo guarda mi viejo amigo Fernando quizás como una amenaza permanente que no puedo olvidar. Ese poema se llama o llamaba Tiempo y no sé por qué a los 16 años a mi me preocupaba tanto el paso del tiempo.
Lunes
El viernes pensé en el transcurso del tiempo y ya es lunes y el tiempo sigue. Lo único que no puede dejar de modificarse.
Es martes, el tiempo sigue.
Empecé con la cuarta temporada atrasada de Californication
Miércoles por la noche, día de Person of Interest.
Jueves, me sumerjo en la web, divertido diálogo que se prolonga en el tiempo, ensayo, insomnio.
Viernes, las palabras escritas en el papel dicen que el Alien era un tipo jodido y que si no lo sacaban de ahí podría haber un estrago tal que mejor ni pensarlo. Ceno en un restaurante que asaltarán al día siguiente, termino la noche entre amigos, amigas, colegas, músicos y etc., en el que parece el nuevo lugar de encuentro de lo que en los años 20 le hubieran llamado "la bohemia rosarina": El Diablito. Llego a mi casa a la madrugada y parece que la vida empezó de nuevo.
Sábado y domingo, disfrutar de mi hijo, escribir, mirar películas, salir por ahi, finalizar el guión de un trhiller.
Anoche, domingo, vi en la televisión Imparable, la última película de Tony Scott, la daban en Cinecanal y en HD, la empecé a ver solo porque es un director que me interesa, ya que la trama era poco atractiva: un tren sin chofer a toda velocidad y cargado de vagones con combustibles atraviesa pueblos de Estados Unidos y la única posibilidad de que no ocurra una tragedia es que el bueno de Denzel Washington junto al novato Chris Pine logren alcanzarlo en su locomotora que va marcha atrás y con el acelerador a fonfo. Pero Tony Scott lo hace, me tiene atrapado toda la película y hasta me emociona el final cuando los protagonistas se encuentran con su familia. No cabe dudas, es puro Hollywood, pero ahí hay un director. Y mientras Cinecanal daba Imparable en otra de las señales de cable pasaban Deja Vu, también con Washington y dirigida por Scott que cada vez que la encuentro tengo que detener el zapping y mirarla. Unos dias atrás también dieron esa pequeña joya que es El Ansia, esta vez Scott dirigiendo a David Bowie, Susan Sarandon y Catherine Denueve, una de vampiros realmente glamorosos de los que seguramente se sentirían envidiosos los niños de Crepúsculo.
Hoy me levanté y cuando enciendo la computadora me encuentro con la noticia que se suicidó Tony Scott. Una pena.
viernes, 10 de agosto de 2012
COME BACK
Una casa vacía. El sillón me esperaba, me espera, está. La tele con HD también. Cuando salí de acá no sabía hacia donde iba. Un alien me había atacado y estaba adentro mio. Al enemigo no hay que temerle me dijo uno de los tantos especialistas. Pero si alguien vio la película lo menos que se le puede tener al alien es un poco de miedo.
La computadora de arriba, la computadora de abajo, el ipad y la puerta que no termina de cerrarse. Volver de donde no sabía aunque parecía una estupidez. No es una estupidez. Mi cuerpo parece haberse topado con una locomotora, pero ahora se repone.
El tiempo se detuvo hace dos meses, como si todo lo que viniera no fuera a existir salvo que pasara con éxito la prueba. Ahora ya está, lo que viene existe y seguro que existe más de lo que pensé.
Mi cuarto, mi estudio, mi casa, un mundo que no termino de descubrir, cargado de historias que ya ni recuerdo. Lo investigo, viajo por mi propio espacio. El mundo que hoy me contiene entre cuatro, seis, ocho o veinticuatro paredes. Desde la altura observo todo. Desde aquí, desde estas letras me sigo confundiendo y creyendo con certeza que la vida es mi propia película. Que todo lo que recorra la cámara o el trayecto de mis dedos sobre el teclado se convertirá en algo digno de ver, de mostrar, de leer. Ego infinito el del artista que cree que desde su ombligo se produce una obra de arte. Pero es así, quizás equivocadamente, pero no podemos quitarnos esto de encima. Es probable que hoy eso nos haga creer que es posible, porque mientras escribo filmo, mientras filmo escribo y todo es plausible de que se vea en una pantalla. Leo un libro que se llama "La quietud en movimiento, una breve historia cultural de los viajes alrededor del cuarto" de Bern Stiegler. Escritores narran sus viajes alrededor sus habitaciones o casas como si lo hicieran alrededor del mundo. ¿Por qué no hacer lo mismo con una pequeña película que recorra los elementos, los rincones de la cotidianeidad, de la intimidad del hogar? La película comienza en casa.
Hoy volví, ayer volví. El alien se fue, lo sacaron, ahora está siendo analizado para saber de qué galaxia viene, desde donde me atacó. Al enemigo no hay que temerle hay que enfrentarlo. Como Batman a Bane o a El Guasón, como Superman a Lex Luthor.
Vencer al enemigo te hace más fuerte, más allá de que queden heridas o cicatrices. Espero no convertirme a una religión oriental ni tener ningún arrebato cercano a la autoayuda, pero parece que quienes pasan por estas situaciones rozan el límite, ser una especie de sobreviviente te traslada a un lugar en el que las cosas se pueden ver de otra manera ¿pero es así? Mi cámara se pasea por el espacio, lo recorre como un flâneur. Las reediciones remasterizadas de discos parecen tener más novedades que lo último que se consigue por ahi, al menos dentro del rock. Reediciones de My Bloody Valentine, de The Stone Roses, la remasterización de RAM de Paul Mac Cartney deja chiquitos a cualquier banda indie contemporánea, grabaciones encontradas de George Harrison, un disco homenaje a lo mejor de Caetano Veloso o la re aparición de los viejos pero modernos y siempre vigentes Patti Smith y Leonard Cohen. La música popular parece que necesita revisitarse en el pasado.
Si hoy no fuera una carretera interminable,
Si esta noche no fuera un camino tortuoso,
Si mañana no fuera tan largo tiempo,
Entonces la soledad no significaría nada para ti en absoluto.
Sí, y sólo si mi verdadero amor me estuviera esperando,
Sí, y si yo pudiera oír su corazón latiendo en voz baja,
Sólo si ella estuviera acostada a mi lado
Entonces me acostaria en mi cama de nuevo.
Bob Dylan
Siempre me vuelvo a encontrar con canciones de Dylan que a veces recuerdo y otras me vuelven a hablar desde no se cuanto o dónde. Dylan es el compañero ideal de la ruta, de la carretera dentro del edificio o de la autopista a cielo abierto. Dylan es como Godard pero sustancialmente diferente. Si Dylan fuera director de cine lo preferiría antes que a Godard, pero si Godard se hubiera dedicado al rock, no nos hubiéramos dado cuenta de su existencia. Pero Godard entiende el rock y entiende y llega a lo que la mayoría de los directores de cine no les interesa pero les debería interesar. Nadie puede ser Godard salvo Godard y nadie puede ser Dylan salvo Dylan. Y así podría hacer una larga lista, entonces ¿qué nos queda al resto después de pasar una guía de cientos de genios?
Me cae bien Jack White, lo vi en un documental junto a Jimmy Page y The Edge y creo que ahí hay un tipo nuevo que sigue la línea sin tener que volver necesariamente al pasado pero nutriéndose de la historia.
Volver de donde nunca fui o de donde creo que nunca llegué.
La via del tarot de Alejandro Jodorowsky, inmenso libro que llevaría en un viaje en transatlántico, acompañado de mis cartas de tarot que a veces intuyo que se leer.
Jodorowsky me puede salvar de la autoayuda, él dispara hacia el mismo objetivo pero en el reverso exacto.
La madrugada, 3 y 39 AM. La transpiración deja su olor rancio, la transpiración del cuerpo invadido. El espejo da cuenta del suceso y una gran tranquilidad se siente a pesar de las contracturas. Vuelvo al super héroe luego de abatir al villano. Las ropas quedan rasgadas, el traje y la capa están raídas, algunas marcas y heridas son inevitables, pero la sonrisa de la victoria es suficiente para olvidar el mal momento.
Y ahí llega la música, la música que nos acompaña. Me inclino por algo de soul o un ritmo funky para tomar un mojito en una terraza.
Lo mejor sería meterme bajo la ducha, para que los olores se disipen, para relajar la cabeza y esperar que las ideas vuelvan al lugar de donde se tomaron unas pequeñas vacaciones.
domingo, 29 de julio de 2012
Una noche con Batman
Creo que puedo decir que sigo a Batman desde siempre, y siempre es siempre. Cuando era un niño miraba primero y leía después las historietas de Editorial Novara, una editorial chilena que editaba en Argentina los comics (historietas en aquella época) de la DC y sus superhéroes. En nuestro país los héroes de Marvel nunca fueron muy populares hasta que llegaron algunos dibujos animados y las películas más recientes.
Batman., Superman, Linterna Verde, Flash, Flecha Verde y hasta la Mujer Maravilla siempre gozaron del reconocimiento de los fans de los cuadritos dibujados.
El jueves casi como un fanático fui uno de los espectadores que compró anticipadamente una entrada para ver El Caballero de la Noche Asciende o Batman III de Nolan. Desde que vi Batman Begins me di cuenta que Nolan había hecho la película que yo siempre quise ver sobre el encapotado (y que me hubiera encantado hacer) y cuando vi la siguiente: The Dark Knight, lo volví a confirmar: Batman había caído en las mejores manos.
Mientras crecía y sumaba pilas de revistas a una especie de baúl que tenía debajo de mi cama, también era un espectador con asistencia perfecta en la mitad de la tarde, a la serie protagonizada por Adam West, serie que hoy podría ver hasta el hartazgo y que no entiendo como no la han reeditado en dvd. Esta serie autenticamente de vanguardia, estaba a tono con la época (los 60) y para los niños era ver en acción al héroe de las historietas y para los adultos era una versión ácida y camp que todavía hoy se puede disfrutar en su humor absurdo y delirante.
Durante los 70 y parte de los 80 Batman desapareció de las pantallas, tanto de la tele como del cine. Solo quedaron los comics (en los 80 el concepto de comic ya lo tomamos como propio) que fueron renovando las miradas sobre Batman a partir de los 70 con el genial dibujante Neal Adams y el guionista Dennis O´Neill para continuar con joyas (ya en los 80) como Arkham Asylum de Grant Morrison y Dave McKean, The Cult de Jim Starlin, Año Uno de Frank Miller y David Mazzucchelli y El retorno del Caballero Negro escrita y dibujada por Frank Miller.
Durante esos años cada tanto me encontraba con una historieta nueva y la iba sumando a una serie de cajas (ya no existía ese viejo cajón) junto a personajes más cotemporáneos como las sagas de Hellbraizer o Sandman (siempre en la línea de DC). Quizás lo más interesanste de Batman fue que desde los inicios, pasando por la serie de los 60 y luego de varias reencarnaciones dibujadas y cinematográficas, es el único super héroe que mantiene su público tanto en una población infanto adolescente como así también entre los adultos. Quizàs porque no tiene super poderes o por su oscuridad que lo acerca más a sus propios enemigos que a sus amigos. Batman podría ser un paciente más del Arkham Asylum, el hospital siquiátrico en donde están confinados gran parte de los villanos, con El Guasón a la cabeza.
Batman no es un buen tipo, es un chiflado que se disfraza y que trabaja con una mentalidad para policial. Pero su condición solitaria y depresiva lo humanizan y le otorgan una cara más compleja que la de cualquier vengador anónimo. Por momentos Batman encajaría a la perfección en la ideología reaccionaria que reclama por una seguridad con tolerancia 0. Pero creo que Batman no comulgaría con esos tipos. Ahí está la contradicción de este personaje. Bruce Wayne es millonario como Macri pero no me lo imagino a Mauricio con una capa saltando por los edificios por la noche, pero seguramente a Macri, como a Biolcatti o Magnetto le encantarían que existiera uno o varios encapuchados que salgan por las noches a cazar "criminales". Pero Bruce Wayne es un filántropo (que más allá de su costado sicópata vengativo) también piensa en los que menos tienen y su lucha tiene más que ver con la defensa del pueblo, algo que escapa a las intenciones de los mencionados anteriormente. Seguramente algún desprevenido creerá que quiero decir que Batman es kirchnerista, pero no, no es mi intención. Como tampoco me imagino en este país alguien similar al comisionado Gordon. Esos policías (al igual que Batman) solo existen en la ficción.
A Tim Burton le tocó cambiarle la cara a Batman y ponerlo de nuevo en el lugar que le correspondía. Burton es un gran director pero nunca me terminó de convencer Michael Keaton, creo que como actor estaba por detrás de sus enemigos: Jack Nicholson como el Guasón, Dany De Vito como El Pingüino o la Gatúbela de Michelle Pfeiffer. Después hay un intento con Batman Forever y Batman y Robin ambas dirigidas por Joel Schumacher. En la primera Val Kilmer y en la segunda George Clooney interpretan a Batman. Debo reconocer que Clooney junto a Uma Thurman como Hiedra Venenosa y Arnold Schwarzenegger como el Capitán Frío me gustaron en esa especie de pastiche kistsch que intenta regresar al espíritu pop de la serie de Adam West. Pero fue un fracaso porque a Schumacher le faltó el talento que le sobraba a Burton y al futuro director Christopher Nolan.
Un día, en realidad una noche, en un festival de cine, creo que de Mar del Plata, aunque podría haber sido el BAFICI, me encuentro con una amiga periodista que estaba junto a un director extranjero que había sido invitado por el festival, el lugar estaba atestado de gente y el volumen de la música me permitía escuchar la mitad de las frases. Ella me dice que el tipo me quiere saludar porque había visto Tremendo Amanecer y que le había gustado mucho. Tremendo Amanecer es una película que hice hace casi 10 años y es sobre un vampiro contemporáneo que compra la sangre en un callejón, como si fuera un adicto. El hombre me preguntó por el actor y por el tema que canta en la película, le expliqué que era Coki Debernardi, un músico de rock local y le dije que si le interesaba le alcanzaría un disco de él. El tipo tendría mi edad o era unos años más joven que yo y se ve que se había enganchado con mi amiga (la periodista). Seguimos hablando pero el ruido y su inglés cerrado no me permitieron entender demasiado. En un momento me dijo que él también estaba trabajando sobre los vampiros y que estaba negociando hacer Batman 5 y yo me quedé pensando en por qué el 5 y luego caí en la cuenta que entre las dos de Burton y las dos de Schumacher sumaban cuatro, pero nunca lo había pensado así, no veía la correlación numérica y el flaco me parecía medio salame, y entendí que cualquier director de cine yanqui puede estar interesado en hacer una de super héroes como una de serial killlers, ya que son personajes propiamente suyos que dificilmente se puedan exportar a otras latitudes. Nadie recuerda a un super héroe francés, ni alemán, ni siquiera inglés, ni hablar de un super héroe español, italiano o portugués. En Argentina, salvo el comic Cazador o Super Hijitus, no tenemos ese tipo de héroes, ya que el Eternauta o Boogie el Aceitoso (por solo nombrar a dos ilustres personajes de los cuadritos) no entran en la categoría. Hace falta un enmascarado, una doble personalidad, un traje diseñado para tal fin y algunas habilidades fuera de lo normal.
Hace unos años hubo una película llamada Zenitram que era sobre un super héroe nacional, pero no hay una tradición argentina ni de ningún país por fuera de USA que tenga este tipo de personajes en su cultura. Y a veces pienso ¿no deberíamos incorporar, pero no de manera paródica, algún súper hombre argento? No sé, pero luego de ver The Dark Knight Rises, me gustaría pensar en hacerlo.
Al día siguiente de la fiesta en el festival de cine, busqué un disco de Coki and The Killer Burritos con la intención de dejárselo al director yanqui, pero me di cuenta que no recordaba el nombre. Entonces le mandé un mensaje a mi amiga la periodista pero no me respondió, supuse que estaba durmiendo con él y que su celular estaría apagado, entonces cual detective elemental y básico busqué su foto en el catálogo, todos los directores que estábamos en el festival ya sea invitados o participantes teníamos una foto con una pequeña biografía debajo. Me costó reconocerlo, pero no cabía dudas de que era él. Entonces busqué un sobre, metí el disco de Coki y escribí en el sobre "Para el señor Christopher Nolan".
De alguna manera un director de cine en Estados Unidos cuando hace una película de las características de Batman o de El Hombre Araña o hasta Iron Man también se transforma en un super héroe, es quien crea esa realidad falsa pero la transforma en verdadera para que todos creamos que existe. Y desde aquí a veces nos vemos obnubilados por ese gran espectáculo y caemos en sus garras pensando en que también querríamos ponerle a un actor las calzas de Batman o a una actriz el traje sensual de Gatúbela. Pero no, en este caso solo debemos ser espectadores y disfrutar del gran show, como seguramente Nolan ha estado disfrutando del disco de los Killer Burritos.
Aunque no estaría mal ver atravesar la noche rosarina por un personaje con capa, botas y un antifaz.
lunes, 19 de marzo de 2012
DIARIO DE VIAJE NY (2)
DIARIO DE VIAJE NY
Estoy desayunando en la Séptima Avenida y la 36 oeste. Desde el primer piso de este bar al paso, tengo una visión panorámica de esta calle que desde que llegué la camino en ambas direcciones. Las calles de los hoteles en donde uno se aloja siempre son las más transitadas, es obvio: se sale y se llega al hotel todos los días y a veces en más de una oportunidad en el lapso de horas.
Mi primer noche en NY terminó en el Blue Note, uno de los clubes de jazz más conocidos del planeta. Tocaba un tal Palmieri (al que no conocía) con un estilo de jazz con aires cubanos que me hizo acordar a Gonzalo Rubalcaba, Chucho Valdes y el lejendario Irakere.
Se puede caminar por Manhattan y recorrerla en gran parte si uno tiene paciencia y se detiene cada tanto en un bar para tomar un café o una gaseosa y comer un sandwich. El problema es que la mayoría de los barcitos que se encuentran por ahí no tienen baños y luego de una larga caminata la vejiga empieza a dar señales de explotar y entonces hay que buscar alguno de los pocos restrooms que están habilitados en cafés o pizzerías. Es interesante ver la cola que se forma en los Starbucks para ir al baño.
Me trajo a Nueva York el cine. Por un lado la excusa de filmar algunas tomas para mi película Lejos de París, algo que siempre había pensado pero que no sabía si podría hacer. Por otro lado estar en esta ciudad es recorrer parte de cierto cine con el que crecí y con el que me formé. New York más que Hollywood representa para mi la esencia del cine de Estados Unidos. New York y París son las dos ciudades-cine del planeta. Esto podrá ser una verdad de Perogrullo, pero no deja de ser cierto. Entonces me di cuenta que estando acá puedo ir tras ciertas huellas, ciertos pasos de esos tipos (que nunca seré) a los que admiro profundamente. Pero bueno, si tuviera que elegir a un director, no me cabe dudas que el director de esta ciudad es Martin Scorsese y la película que más he visto de él y que mejor me cuenta NY creo que es Taxi Driver. Es una película que siempre puedo ver, una auténtica película moderna. No sé si es la mejor de Scorsese pero si es la que más me ha marcado en mi formación como director. Son esas películas con las que cualquier director sueña en hacer (aunque lo niegue). Hay en esa película actores que entregaban todo de manera descarnada, desde el ya consagrado De Niro hasta la niña que se transformaría en la gran actriz que es Jodie Foster. Y la cámara, esa gran habilidad de Scorsese para utilizarla. Esos recorridos por la calle 42 o por Time Square, o la escena final en donde De Niro entra a los tiros al prostíbulo para hacer una masacre que lo convertiría en el héroe americano.
Ayer estuve en ese lugar, la de la escena final, me quedé un largo rato filmando esa calle, esas puertas en donde Harvey Keitel discutía con De Niro. Parecía que nadie excepto yo era consciente del pedazo de historia de cine que representaba esa calle. Y es obvio, cada esquina de NY puede representar el fragmento de una parte considerable del cine contemporáneo.
Día 5
Solo quedan dos noches antes de volver y he escrito menos de lo que pensaba pero he filmado más de lo que imaginé. Hoy la cámara me funciona como lapicera, como una bic portátil. Ayer el recorrido fue nuevamente una larga caminata cargada de cine y de música, aunque la música solo estaba presente en las imágenes. Seguí la ruta turística de un típico domingo estacionándome donde el lugar común me lo exigía. Comencé en el Dakota, que en la guía de locaciones de films rodados en NY figura como el emblemático edificio del Bebé de Rosemary, una de esas películas que se pueden volver a ver una y otra vez sin que el miedo deje de aparecer aunque sepamos de memoria cada una de las escenas. Y este edificio parece que tuviera una conexión particular con lo siniestro. Luego de filmar allí una de las mejores películas de terror contemporáneo a Polanski le asesinan a su mujer y amigos en una masacre digna de los personajes que habitaban el departamento vecino al de Mia Farrow y John Cassavetes. Pero la mayoría de los turistas que se sacan fotos frente a este edificio lo hacen por otro motivo, paradójicamente también siniestro: fue allí, en ese portón de la calle 72 en donde asesinaron a John Lennon en diciembre de 1980. Recuerdo perfectamente ese día, son de esos días que no se olvidan. Ser fanático de los Beatles no era extraño para mi generación, quizás ahora The Beatles o el mismo John, han pasado a ser íconos de un momento histórico y si bien su música nunca deja de escucharse, no sé si causa la misma emoción que nos provocaba en nuestra adolescencia, cuando inclusive, ya estaban separados. Me tocó ser contemporáneo (en mis inicios musicales) a las carreras solistas de Lennon y Mac Cartney, y si bien los discos de Paul, fundamentalmente Venus & Mars y el brillante Band on the run, me parecían geniales y más sofisticados que los de Lennon, había algo en la introspección y la crudeza de John que lo volvían más íntimo, como que tocaba para mi. Paul era el beatle popular y masivo y John el beatle popular que nos hablaba individualmente. Claro que todas estas disquisiciones no son más que pensamientos estúpidos a la hora de analizar la obra de dos genios. Lo que sí es cierto es que no voy a poder olvidarme del 8 de diciembre de 1980. A la mañana del 9 volvía o iba a la escuela a esperar como mis compañeros rendían un exámen. Era el penúltimo año de mi secundaria y en los noticieros de los dos únicos canales que se veían en Rosario se pasaban las imágenes de ese famoso edificio y de la gente reunida en el Central Park cantando las canciones de John. Recuerdo que lloré, en silencio, para mi.
Del Central Park caminé casi treinta cuadras hacia otra locación famosa pero menos tenebrosa. Por suerte había sol y el clima estaba propicio para el paseo. El Central Park es una especie de Parque Independencia de Rosario pero un poquito más grande, hasta tiene su propio lago pero las lanchitas son mas pintorescas las de nuestro parque.
En el comiendo de la calle 58 frente al puente de Queensboro está la locación de la famosa imagen de Manhattan de Woody Allen, la misma del afiche. Llegué allí con la misma idea que cuando lo hice en la cuadra de Taxi Driver, pensando que pisaba sobre los lugares en donde se había rodado no solo una gran película sino también una imagen que con solo verla uno podía reconocer ese film y esta ciudad, algo que pocas veces sucede con una película: ser la imagen de un tiempo y un lugar con un solo fotograma. Esa síntesis solo está permitida para quienes portan consigo cierta genialidad. Estuve más de una hora retratando el lugar y buscando el punto de vista exacto de la cámara de Woody Allen, quise al menos por un momento imaginar el lugar desde donde se hizo ese plano y hasta el lente que se utilizó. El lugar tiene algunas modificaciones, es lógico, ya pasaron más de treinta años, pero esos detalles son mínimos y se puede reconocer casi con exactitud la postal de NY. Me senté ahi unos instantes y volví al hotel cansado, por primera vez en cuatro días me subí a un taxi, ya no tenía ganas de caminar y recordé las imágenes que para Lejos de Paris rodamos con el puente Rosario Victoria como fondo y homenaje a Manhattan (el film).
miércoles, 14 de marzo de 2012
NY DIARIO DE VIAJE (1)
DIARIO DE VIAJE N.Y. (1)
Voy rumbo a Nueva York, casi como un arranque de capricho, casi como una necesidad de escaparme de todo por unos pocos días, casi como un lujo burgués del director o del escritor que siempre quise ser y que no me animé.
Vuelo rumbo a Nueva York para escribir en el mismo hotel en donde escribió William Faulkner, voy a Nueva York para filmar algunas tomas para Lejos de Paris, para encontrarme con Rosario, mi ciudad, en la capital del mundo.
Ahora estoy en el avión y mientras escribo escucho a Gershwin por Herbie Hancock, el tema apareció en mis auriculares de repente, entre las más de 1600 canciones que subí en uno solo de los tres dispositivos móviles con los que cargo.
Dentro de un rato estaré aterrizando en el aeropuerto de Santiago de Chile, para esperar la conexión hacia NY. En mis viajes he conocido muchas ciudades solo desde los aeropuertos. La condición de "pasajero en tránsito" me ha llevado a estar en una cantidad de ciudades a las que solo conocí desde el cielo. Santiago es una de ellas.
A las 21:40 de Chile el avión despega y por suerte este fue un vuelo sin turbulencias. El vino chileno que me dieron con la cena me sirvieron para relajarme y poder descansar una horas hasta llegar a JFK.
El trámite de la aduana fue más sencillo de lo que pensé. Hace unos años, por el solo hecho de pasar en tránsito por Miami, por poco me hacen desnudar para atravesar el detector de metales. Esta vez parece que Obama es menos estricto o yo no represento remotamente ningún tipo de amenaza para los Estados Unidos. El viaje hasta el hotel duró más de dos horas en una combi manejada por Will Smith o Eddie Murphy. Yo fui el último pasajero que llevó. Pero en el hotel no me dieron el check in hasta tres horas después, así que salí a caminar tratando de recordar mi único paso por esta ciudad hace veinte años atrás y en la que permanecí apenas tres días. Evidentemente todo cambió, como yo cambié mucho en estos veinte años. Estoy parado en el mismo lugar pero en otro lugar. Camino reconociendo el norte, el sur, el este y el oeste y vuelvo a preguntarme ¿cómo y por qué llegué acá? la respuesta la escribí más arriba, pero la respuesta también me la di a mi mismo cuando la conserje me da la habitación 1587. Subo los quince pisos por el ascensor y me encuentro con un largo pasillo de un hotel construido a principios del siglo XX. Entro a la habitación y me encuentro con un gran y viejo escritorio que de un lado tiene la cama y del otro una ventana desde la que se ve el Empire State Building. Para un neoyorquino quizás esto no significa nada, pero para mi no es común dormir una semana con una ventana con semejante vista.
martes, 28 de febrero de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
carnaval toda la vida
Hace un año escribía en este blog sobre los festejos de carnaval, aquí, en Rosario, a pocas cuadras de mi casa. Había llevado a mi hijo, como lo hice anoche, a presenciar una vez más esa fiesta popular y pagana que siempre tiene olor a pasado. El festejo de anoche podría denominarse un carnaval "vintage", agua de lavanda en pequeños pomitos para mojarse, papel picado, caretas y antifaces. Un carnaval para las familias y para los nostálgicos, el carnaval siempre es nostalgia. Por eso el año pasado tocaron Los Náufragos y Donald y este año fue el turno de Industria Nacional y Roque Narvaja. Y siempre como teloneros: Homero y los Alegres, que como banda local le da el toque contemporáneo a la fiesta.
El niño se quiso poner el traje de Superman para participar del concurso de disfraces y poco después quedó dormido en mis brazos. Ya era el momento de irme, pero quise saber si mi cuerpo podía resistir el peso de un chico de cuatro años dormido durante un par de horas y así poder ver en vivo a Roque Narvaja. ¿Hay algo de particular en escucharlo? ¿en qué podría modificarme ese recital compuesto por temas que en su mayoría tienen más de treinta años? El recital de Narvaja daba justo en la tecla, en esa esencia "old fashioned" que de repente adquiere ribetes de modernidad derrumbando el costado kitsch para comprobar que el pop melódico con raíces en el rock puede tener un dejo poético del que carecen los descendientes de esa corriente histórica. Ni una palabra, Santa Lucía o Yo quería ser mayor, sonaban en la radio en 1981, cuando yo estaba en la secundaria. Durante aquellos años empecé a ir a recitales, los lugares no eran los estadios sino pequeños clubes de barrio en donde los músicos tocaban para públicos reducidos. Recuerdo dos recitales de1981 en el Club Unión y Progreso: Vox Dei y unos meses después Roque Narvaja. Las diferencias entre Vox Dei y Roque Narvaja creo que saltan a la vista, pero era lo que había. Un tiempo después Serú Giran en La Comedia o el retorno fugaz de Almendra. Anoche algunos quisimos estar en ese lugar solo para corroborar lo que había quedado de ese trozo de historia perdido en el tiempo. Otros, los que se encontraban por primera vez con ese tipo, se sorprendían porque el autor de Menta y Limon era el mismo de El extraño del pelo largo, lo miraban socarronamente, como riéndose de ese hombre que estaba a medio camino entre un rocker demodé y una especie de Sergio Denis darkie. Para algunos quizás podía ser un tanto bizarro y para otros -o para mi- el ejemplo de que el artista siempre tiene que hacer lo que mejor sabe y que no debe renunciar a su esencia. Roque Narvaja se subió al escenario a cantar canciones que muchos sabemos porque era Carnaval, seguramente las canciones de Octubre, mes de cambios o de Primavera para un valle de lágrimas (algunos de los discos por los cuales se tuvo que exiliar en España durante la dictadura) no eran apropiadas para cantar entre pomos y papel picado. La noche tenía que terminar con El extraño de pelo largo y La reina de la canción, y así fue. A las tres de la mañana volví a tomarme un taxi, como hace un año, con el niño a cuestas y dormido. Y pensé. Y recordé que escuchábamos esas canciones en reuniones o fiestas, escuchábamos esas canciones cuando empezábamos a enamorarnos o creíamos que eso era amor. Y anoche el tiempo volvió hacia atrás y luego hacia adelante, y me sentí aquél púber que sabía que una canción romántica no podía cambiar el mundo pero si podía cambiar a uno o a los dos, esos dos adolescentes que se miraban buscando la excusa en esa canción. Y vuelvo a buscar hoy esa mirada y esa sensación y trato de encontrar la canción que de las marcas de este tiempo.
El niño se quiso poner el traje de Superman para participar del concurso de disfraces y poco después quedó dormido en mis brazos. Ya era el momento de irme, pero quise saber si mi cuerpo podía resistir el peso de un chico de cuatro años dormido durante un par de horas y así poder ver en vivo a Roque Narvaja. ¿Hay algo de particular en escucharlo? ¿en qué podría modificarme ese recital compuesto por temas que en su mayoría tienen más de treinta años? El recital de Narvaja daba justo en la tecla, en esa esencia "old fashioned" que de repente adquiere ribetes de modernidad derrumbando el costado kitsch para comprobar que el pop melódico con raíces en el rock puede tener un dejo poético del que carecen los descendientes de esa corriente histórica. Ni una palabra, Santa Lucía o Yo quería ser mayor, sonaban en la radio en 1981, cuando yo estaba en la secundaria. Durante aquellos años empecé a ir a recitales, los lugares no eran los estadios sino pequeños clubes de barrio en donde los músicos tocaban para públicos reducidos. Recuerdo dos recitales de1981 en el Club Unión y Progreso: Vox Dei y unos meses después Roque Narvaja. Las diferencias entre Vox Dei y Roque Narvaja creo que saltan a la vista, pero era lo que había. Un tiempo después Serú Giran en La Comedia o el retorno fugaz de Almendra. Anoche algunos quisimos estar en ese lugar solo para corroborar lo que había quedado de ese trozo de historia perdido en el tiempo. Otros, los que se encontraban por primera vez con ese tipo, se sorprendían porque el autor de Menta y Limon era el mismo de El extraño del pelo largo, lo miraban socarronamente, como riéndose de ese hombre que estaba a medio camino entre un rocker demodé y una especie de Sergio Denis darkie. Para algunos quizás podía ser un tanto bizarro y para otros -o para mi- el ejemplo de que el artista siempre tiene que hacer lo que mejor sabe y que no debe renunciar a su esencia. Roque Narvaja se subió al escenario a cantar canciones que muchos sabemos porque era Carnaval, seguramente las canciones de Octubre, mes de cambios o de Primavera para un valle de lágrimas (algunos de los discos por los cuales se tuvo que exiliar en España durante la dictadura) no eran apropiadas para cantar entre pomos y papel picado. La noche tenía que terminar con El extraño de pelo largo y La reina de la canción, y así fue. A las tres de la mañana volví a tomarme un taxi, como hace un año, con el niño a cuestas y dormido. Y pensé. Y recordé que escuchábamos esas canciones en reuniones o fiestas, escuchábamos esas canciones cuando empezábamos a enamorarnos o creíamos que eso era amor. Y anoche el tiempo volvió hacia atrás y luego hacia adelante, y me sentí aquél púber que sabía que una canción romántica no podía cambiar el mundo pero si podía cambiar a uno o a los dos, esos dos adolescentes que se miraban buscando la excusa en esa canción. Y vuelvo a buscar hoy esa mirada y esa sensación y trato de encontrar la canción que de las marcas de este tiempo.
miércoles, 1 de febrero de 2012
LEJOS DE PARIS II
Los Hoteles. Una ciudad se puede conocer
por los hoteles y las ciudades entre sí también se conocen por los hoteles. Las
películas nos hablan de los hoteles y las ciudades y nosotros creemos que es así.
Que la ventana del hotel de Manhattan puede mirar hacia una calle del centro
rosarino. Porque una ventana es un televisor de 32 o 42 pulgadas de alta
definición que solo hace falta traspasarlo para entender el mundo. Un televisor
y yo. Yo frente a ese televisor que nos dejó solos, ese televisor que se
multiplica en pantallas, en notebooks, en celulares, en ipods, ipads y aparatos que se transforman en adicción y
que utilizo para registrar todas y cada una de estas palabras o todas y cada
una de los futuros planos de la futura película. Rodeado de dispositivos para
que la ciudad no se me escape, rodeado de dispositivos pero ella se escapa,
ella se escapó y se seguirá escapando, solo porque ella ya no es ella, porque
ella es las tetas de la ciudad y la mujer del impermeable o piloto, porque ella
es la que dormía con la espalda dibujada en otra pantalla, porque ella es el
personaje que muta de rostro y de cuerpo de manera permanente, porque ella vive
y muere en el recuerdo de un viaje lejano, en Chicago, en Moscú en la Habana o
en Río de Janeiro con los pies sobre Ipanema una noche blanca, o con la luz de
la costa rosarina y los ojos
encandilados por el sol mientras la gente sigue bailando y solo quedan en el
cuerpo los restos de la metanfetamina en una fiesta en la ciudad de Barcelona de la que solo me queda el recuerdo del
video.
Me asomo a la ventana y la calle se
ilumina de otra manera, porque el Hotel es otro o es el mismo y la ventana
diferente, y yo tal vez sea otro, otro el que se asoma, el que mira o la mirada
se haya modificado y la lluvia ya no moja y el piloto está tirado en el piso, y
ella ahora es la actriz que me hace creer que todo lo que escribo puede ser
verdad, que puedo ser el James Bond de la película Casino Royale, la de los 60, con Woody Allen como el malo y
la música de Burt Bacharat y que si voy corriendo con esa actriz de la mano por
la noche rosarina desde una alcantarilla saldrá la voz de Tom Jones cantando
¿Qué pasa Pussycat? Y que cuando me
siente con ella para mirar el río nos encontraremos con Raymond Carver que me
preguntará si en el Paraná hay salmones. Yo le diré que no y el me leerá un
poema que acaba de escribir mirando ese gigantesco río que le recuerda un día
de pesca en los grandes lagos, como el Michigan, y la chica sigue hablando
desde el call center explicando desde Rosario en un perfecto inglés, como se
enciende la nueva computadora que acaba de comprar ese hombre en Chicago a
orillas del lago Michigan. Y es el norte y es el sur y las contradicciones y es
la ciudad que se mete por las venas, con esa historia dura y agresiva, con sus
muertos y sus explosiones, con su rock en castellano, con los cines de matiné con
tres películas de esas que ya no se ven, en donde Robert Redford y Barbra Streisand vivían un amor que
no podía ser. Esa película que ella vio en un VHS y no entendió por qué me
gustaba tanto, me gustaba por la canción The Way We Were y por ese final en el
Central Park cuando ellos se despiden sabiendo que su amor era imposible. Me
gusta esa película y no tengo que saber por qué, como tampoco sé por qué me causa
placer escuchar a Caren Carpenter cantar
Rainy days and Mondays. Quizás porque me
lleve a los 70 y mi salida de la escuela por Boulevard Oroño y una larga
caminata de adolescentes hasta el Parque Independencia para después sentarnos
todos en una heladería de Av Pellegrini y mirarnos y no decirnos nada, porque
la vergüenza de ayer era más prejuiciosa que la de hoy o tal vez más romántica
y unas noches más tarde en un balcón de esa misma avenida, los dos mirábamos a
los autos desde el noveno piso mientras el resto esperaba/espiaba por el beso que nunca llegó. Y después bailamos una catarata de lentos: James
Taylor (Handyman), David Gates (Goodbye Girl), Peter Frampton (Baby, I love your way) , Eagles (Hotel California) y la infaltable Just the
way you are por Billy Joel o la versión más melosa de Barry White.
Y en las madrugadas de los 70, también caminábamos
las calles, como si nada pasara, como si respirar fuera fácil, como si la
inconsciencia adolescente pudiera invadir la realidad de esta ciudad o de este
país, como aquella noche de 1979, en Santa Fe y España, cuando un señor de civil pero con el arma más
grande que yo recuerde jamás nos apuntó a la cabeza durante largos minutos
amenazándonos con una muerte segura o quizás algo peor. Quizás fue piedad o entender
que con 14 o 15 años éramos ignorantes de todo o de mucho.
La ciudad me narra, me conoce mejor que
nadie, la ciudad marca los trazos, las rutas de la vida, aunque esas rutas a
veces no estén dentro de la ciudad, Como
si viajar fuera volver, como si irse fuera regresar. Como un inmenso tatuaje
que me recubre el cuerpo, un mapa que me conduce a la profundidad de un espacio,
de algo que llamamos ciudad, pero que son esas dos inmensas y bellas y feas
tetas que me persiguen y a las que persigo. Y esa ciudad que se esconde y que
no está a la vista es como ella que aparece y desaparece y que busco pero
cuando la encuentro ya no es la misma y que se vuelve a perder para volver a
cambiar.
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